jueves, 15 de diciembre de 2016

Viernes 16 de diciembre de 2016

Lectura del santo evangelio según san Juan (5,33-36):

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:
«Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él ha dado testimonio en favor de la verdad. No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para que vosotros os salvéis. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y vosotros quisisteis gozar un instante de su luz.
Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido llevar a cabo, esas obras que yo hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado».

Palabra del Señor

Os ofrezco esta historia-reflexión
La cuenta una persona que vivió esta experiencia:
Fue justo un día antes de Navidad. Hacía una visita al asilo de ancianos. Iba de habitación en habitación. Cuando toqué la puerta de un anciano no me admiré porque no contestaba enseguida. Es que acababan de traer el correo. Yo pensaba: "Estará ocupado con los paquetes de Navidad". En efecto, cuando por fin escuché: "Adelante", nada más entrar vi al señor revisando un gran paquete. A primera vista uno se daba cuenta que era un paquete grande. Más tarde escuché que era de la hija del anciano, dueña de varios negocios. En aquel entonces toda la gente sufría necesidad. Era el tiempo de hambre después de la segunda guerra mundial. Pero en este paquete había puros, coñac, dulces, vino tinto, zapatos forrados de piel, todo lo que uno podía desear en su corazón. Pero el anciano tenía un aspecto de descontento. Ni una chispa de alegría. "Señor García, le dije, ¿cómo es que pone una cara tan triste cuando recibe tantas cosas por Navidad? ¡Ahí tiene todo lo que necesita!"

El señor me miró y dijo: "No hay amor en este paquete". Y se puso a contar de su hija tan rica. Los empleados prepararon el paquete y en una postal de Navidad barata había escrito nada más que: "De parte de tu hija y de tu hijo político". Nada más. No había un deseo personal, no había visita, no había invitación: "Ven a pasar la fiesta con nosotros". Y cada uno de los regalos de Navidad, primorosamente elegidos, llevaban la etiqueta con el precio para que el padre se diera cuenta cuánto se había gastado para él. Pero "no había amor en ese paquete". Los regalos más hermosos y ricos no valen nada y no pueden dar alegría cuando no hay amor en ellos.
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